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Municipales: ni solos ni bien acompañados

2014.10.20 19:56 conconvencimiento Municipales: ni solos ni bien acompañados

Pasada la efervescencia de la Asamblea Presencial, mientras digiero aún las emociones vividas a cientos de kilómetros pero sintiéndome uno más de entre los miles que estaban en Vistalegre, mientras resuenan aún en mi cabeza los cánticos y siento todavía bullir esas palabras que me sacaron lágrimas de emoción, mientras pienso que estamos viviendo algo histórico, mientras todo esto pasa… no puedo evitar sentir una inquietud que como una pesada sombra ahoga mi entusiasmo.
Estoy preocupado, mucho, hasta el desvelo. Ya lo estaba, pero tras escuchar algunas de las cosas que se han dicho durante este fin de semana, un pensamiento intrusivo se me ha instalado en la cabeza: la idea de que podemos fallar. Ni la designación por sorteo de ciertos cargos, ni el hecho de que la portavocía sea individual o colegiada, ni el voto único transferible, ni otros aspectos especialmente relevantes sometidos a debate me parecen tan importantes como esta decisión. De lo que hablo aquí es de ganar y del riesgo que asumimos al elegir una opción que podría ser no solo lesiva para nuestros intereses (los de la ciudadanía), sino catastrófica. No nos engañemos, no me refiero a qué hubiera pasado si a los americanos les hubiesen pitado los pasos de salida, por utilizar la metáfora baloncestística de Pablo Iglesias, sino qué hubiera pasado si a los españoles les hubiesen obligado a salir a la cancha con los ojos vendados. Eso es, el desastre.
El grupo promotor había demostrado poseer en todo este tiempo una visión estratégica insuperable. Claro que no son infalibles, pero una vez que nos habían traído hasta aquí, creo que se habían ganado el derecho a concederles el beneficio de la duda. Por eso me tranquilizaba saber que estaban en total desacuerdo con la posibilidad de que Podemos “se la jugara” en las próximas municipales. ¿Por miedo al pueblo? No seamos melodramáticos. Por mero sentido de la responsabilidad. Porque una cosa es que seamos lo suficientemente realistas como para pedir lo imposible y otra muy distinta que seamos unos inconscientes y desaprovechemos una oportunidad histórica para transformar radicalmente este país. Recordemos: el cielo por asalto.
Las ventajas de acudir a esta cita en solitario se me aparecían, y se me aparecen, insignificantes, al lado de los enormes riesgos que conlleva para el proyecto. No voy detenerme demasiado hablando de la posibilidad de que arribistas, tránsfugas y trepas de toda laya se infiltren entre nosotros.Tampoco voy a exponer aquí las dificultades que supone preparar en seis meses una candidatura solvente, un programa eficaz y eficiente que tenga en cuenta aspectos como la financiación o la preparación de documentos técnicos que afronten la compleja problemática de nuestros ayuntamientos. Ni lo que supone movilizar al electorado, “vender” Podemos a esta escala en tan poco tiempo, sabiendo que nuestra implantación es especialmente urbana y crece de un modo directamente proporcional al nivel formativo de los ciudadanos. Todas estas son dificultades que podrían salvarse. Al fin y al cabo, sin una audacia inédita en la historia de nuestra democracia Podemos no habría llegado a ser nunca lo que es.
Voy a partir, pues, de la base de que somos capaces de hacer en seis meses lo que nunca nadie hizo en la historia de la política no ya española, sino mundial. Ahora bien, ¿cuál es la recompensa que nos espera al final del camino? Hagamos unas cuentas rudimentarias. Por mucho que sigan fundándose círculos, difícilmente van a poder surgir los suficientes como para cubrir una cuarta o tercera parte de los ayuntamientos del país. ¿Y en qué porcentaje de estos ayuntamientos, seamos realistas, Podemos va a poder aspirar a gobernar en mayoría? Cuando llegue la hora del recuento, descubriremos que Podemos ha sacado unos resultados espectaculares para una formación con un año y medio de vida que solo ha presentado listas en un x% de municipios, pero la lectura que harán los grandes medios y, no nos engañemos, buena parte de la ciudadanía, es que somos un partido minoritario. La cuarta o quinta fuerza del país. ¡Y esto a seis meses de unas elecciones generales! Qué vitola de partido ganador es esa. Por no hablar del efecto desmoralizador que podría causar entre muchos simpatizantes e incluso en el seno mismo de Podemos.
Porque luego está la gobernabilidad… Proyectémonos unos meses. Podemos ya está en cientos de ayuntamientos, gobierna incluso en unos cuantos, pero su nivel de exposición se ha vuelto excepcional. ¿Sabéis esas miras telescópicas con las que el rey mataba los osos que le ponían drogados por delante, no? Pues eso va a ser nada al lado de los pelotones de fusilamiento en el muro de la opinión pública en los que nos van a colocar. No va a hacer falta que nadie cometa ningún gran error, bastan un par de pactos “extraños”, algunas declaraciones sacadas de contexto y, en definitiva, todo aquello que amplificado desde el altar de la prensa castuense será voceado, para que buena parte de nuestro trabajo se vea seriamente afectado. ¿O no somos conscientes de lo que ya está pasando? ¿Leísteis ayer el editorial de El País? ¿Habéis leído los periódicos esta mañana? ¿Habéis visto las tertulias de televisión? Yo sí, pues soy uno de esos millones de españoles a los que desgraciadamente les sobra tiempo como para dedicar la mañana de un lunes a hacer cosas tan improductivas como esta. Y en todos sitios el mensaje central es el mismo. Que si Podemos ya es casta, que si ya estamos “suavizando” el programa, que si el providencialismo de Iglesias, que si la división… A nadie, salvo honrosísimas excepciones, le interesa buscar la verdad. Nadie parece dispuesto a reconocer lo que, con errores y aciertos, de hito democrático supone lo que está pasando. Así las cosas, ¿qué va a ocurrir cuando dispongan de material “objetivo” susceptible de ser utilizado? ¿Vamos a cometer la ingenuidad de pensar que el “pueblo” es suficientemente sabio como para no caer en la manipulación? Qué parte de ese pueblo conoce las entrañas de Podemos, lo que se hace en esta plaza, el trabajo de los círculos… Qué parte de ese maltratado pueblo sabe lo que es appgree.
E insisto, ¿todo para qué? Si pensamos que las competencias en Sanidad, Educación, Igualdad, Medioambiente, Servicios Sociales…, dependen principalmente de las autonomías y del Estado, me pregunto: ¿realmente no podemos esperar? Se me quedó grabado lo que dijo uno de los ponentes durante la pasada Asamblea: es que en muchos pueblos no podemos soportar por más tiempo a los caciques. ¡Claro! La gente decente ya está harta de señoritos y gamonales. ¿Pero realmente pensamos que Podemos va a desbancar a esos politicastros que han gobernado durante décadas con el apoyo y la connivencia muchos de sus vecinos porque sí? No, podremos arañarles unos votos, a lo mejor un buen cacho, al PSOE e IU, y entrar honrosamente a formar parte de la oposición, a gobernar en coalición (¿con quién?), o a levantar algún bastón de mando. A lo mejor hasta damos la campanada en alguna gran ciudad. ¿Y para ese viaje necesitábamos estas alforjas? Comparto el entusiasmo, el sentimiento de urgencia. ¿Pero por qué no empezar a trabajar a nivel municipal desde ya para ganar primero las elecciones autonómicas y generales al tiempo que creamos círculos potentes que fiscalicen la labor municipal y se preparan para gobernar en miles de ayuntamientos en 2019?
Porque creo en la capacidad de Podemos para cambiar este país, ni siquiera la fórmula de ir acompañados, aunque sea bien acompañados, me satisface. No hablaré de los casos que más conozco, porque no tienen por qué ser representativos del resto. Pero me resulta verdaderamente difícil contemplar cómo pudiera evitarse que los “Ganemos” u otras plataformas semejantes no terminen convertidos en “sopas de siglas”. Temo que Guanyem Barcelona no representa lo que está pasando en muchos otros lugares, donde estas organizaciones están ya hablando en nuestro nombre –haciendo copy-paste de nuestros borradores, cómo no– al tiempo que son patrimonializadas por partidos como IU, lo que no apunto como crítica sino como un hecho constatable dentro de la línea de convergencia impulsada con esta formación. Esto es, ¡lo viejo con un traje nuevo! E incluso en aquellos casos en que sean plataformas verdaderamente ciudadanas que hagan suyo ese mensaje de “centralidad”, de unidad popular que nos inspira –y no sean versiones de inspiración frentepopulista– no veo de qué modo Podemos pueda integrarse siendo y no siendo al mismo tiempo Podemos ni cómo la ciudadanía va a poder saber con claridad qué es lo que está votando. Lo que a nosotros nos resulta tan evidente no es tan sencillo de hacérselo comprender a mucha gente que solo ha conocido los métodos de la vieja política. Con una dificultad añadida. Que los círculos de Podemos que se organicen para concurrir masivamente a las elecciones municipales de 2019 se encontrarán con el insólito hecho de que algunos de sus compañeros ya estarán gobernando. ¿Cómo se hace oposición uno a sí mismo?
Cuando hablo de no concurrir a estos comicios no considero que haya que coartar la libertad de los círculos, a los que habríamos de tratar como menores de edad. Podemos son sus círculos. Por eso no apelo a ningún Consejo Estatal para que tome esta decisión; simplemente apelo a la madurez de esos mismos círculos que con las más nobles intenciones quieren empezar a dar ya la batalla y animo a que el “intelectual colectivo” reflexione, debata, y ponga por encima de todo el bien común. Dejemos de demonizar palabras como “eficacia” o “estrategia”, que no son negativas en sí mismas. A diferencia de nuestros adversarios políticos nosotros sí hemos leído a Aristóteles para saber que la inteligencia y la valentía son condiciones esenciales de los ciudadanos de la República, pero también a Maquiavelo –a este ellos se conforman con aplicarlo– para saber que a veces lo que parece virtud es causante de ruina. No vivimos en la Ciudad Ideal, sino que tenemos que empezar a construirla entre todos. Soy consciente, por supuesto, de que existen decenas, acaso cientos de círculos preparados para emprender esta lucha a nivel municipal. Como también sé que disponemos de un “capital humano” abrumador, como se demostró en Vistalegre, donde únicamente pudimos ver la punta del iceberg de Podemos. ¡Qué orgullo! Pero se trata de ganar la guerra y no algunas batallas. Alguien dirá: ¿entonces, qué propones? ¿Que nos borremos? Pues sí y no. Sí a que nos borremos de una cita que no hemos elegido y que nos viene mal, muy mal. Y no, porque si queremos trabajar para mejorar nuestros pueblos, lo único que tenemos que hacer es hacerlo. ¿Es que no hay por dónde empezar? Estemos con las mareas y plataformas ciudadanas, fundámonos con los movimientos sociales, colaboremos con iniciativas de voluntariado. ¿Cómo que no podemos transformar ya nuestro entorno? ¿No es esto precisamente lo que venimos haciendo desde hace años? ¿No somos en muchos casos esa misma gente? Y, mientras, en paralelo empoderemos nuestros círculos, hagámoslos verdaderamente abiertos, plurales, transversales, saquemos las asambleas a la calle, reunámonos con los vecinos, hagamos oposición desde las plazas, desde los medios de comunicación, desde las redes sociales, en los bares… Cuando ganemos las generales y empecemos a transformar este país, quién duda de que la nuestra va a ser una marea imparable que teñirá de morado cada rincón de España.
Creía que el grupo promotor compartía a grandes rasgos este diagnóstico. En este sentido quería pensar que la participación de Podemos a través de diferentes “alianzas” de cara a las municipales que impulsaban, era considerada como una especie de “mal menor” encaminada a satisfacer a las “bases” –a aquellos que piensan, y sé que sois miles, que no hay que dejar pasar la oportunidad–, pero que ni siquiera era un ofrecimiento realmente sentido, y desde luego mucho menos prioritario. Una especie de cesión también “táctica” aunque de orden interno. Pues seamos honestos: quién puede dudar de que si Pablo Iglesias pudiera le daba una patada a las municipales y las mandaba a mayo de 2016. En ese caso, esta sería la menor de sus preocupaciones. O de que si no hubiera generales hasta dentro de dos años tampoco esto sería motivo de discusión. Pero el calendario es el que es. Por eso no pude contener mi asombro convertido más tarde en enorme inquietud cuando en el tramo final de la Asamblea descubrí que “Claro que Podemos” abría la mano en este punto con un discurso marcadamente ambiguo. La frase parece haber pasado desapercibida. Algunos, incluso, han hecho una lectura totalmente opuesta. Me refiero concretamente a este pasaje de la intervención de Íñigo Errejón, quien a la pregunta “¿Qué sucederá en municipios donde no existan candidaturas ciudadanas como Ganemos?”, respondió: “En esos sitios, se llamen como se llamen, Podemos va a estar presente construyendo candidaturas municipalistas”. Para terminar apuntando, poniendo el ejemplo del gran esfuerzo realizado durante las Europeas: “Vamos a levantar miles de candidaturas para las municipales (…) que son la primera batalla para hacer irreversible el cambio político en nuestro país.” Es decir, que rendido este último dique, y a menos que maticen o reculen más tarde, está claro que el Podemos de Iglesias está dispuesto también “a jugársela” en las municipales, pueblo a pueblo, pero sin haber articulado un proyecto global que contribuya a reformar profundamente este nivel institucional. Esto es, como una legión de quijotes lanzados contra molinos de viento.
Desconozco si este giro obedece a la presión ambiental, al intento de desembarazarse de las críticas al supuesto personalismo de Pablo Iglesias o a una reflexión más profunda por parte del grupo promotor. Y está bien. Tal vez esto sea “transaccionar”. Pero aunque respete, como no podía ser de otro modo, la decisión de la mayoría, creo que consensuar un error equivale a dejarle el campo libre al adversario.
Ni que decir tiene que puedo estar equivocado. ¿Puedo yo tener razón frente a tanta gente comprometida e inteligente? Es harto improbable. Pero lo veo tan meridianamente claro, y perdonadme que necesite tantas palabras para explicarlo, que debía decirlo. Que las municipales son una trampa mortal. Que nuestros adversarios están esperando que demos ese paso. Porque una cosa es la guerra, estimado Pablo, y tú eres un mariscal, y otra la guerra de guerrillas. Y aquí, siento recordarle con cariño al profesor Monedero, no tenemos tampoco nada que hacer esta vez. No de momento. La fontanería del poder municipal es endiablada. Y mientras no hayamos acabado con quien financia al ejército que viene a emboscarnos, mientras el miedo no haya cambiado verdaderamente de bando, hay batallas que es mejor dejar pasar.
Tenemos manos suficientes para derribar la estaca. Pero hay que saber cómo tirar.
Concentrados y todos a una… ¡sí que Podemos!
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